¿No vas a salir nunca a conocer el abismo?

Preguntas sin respuesta y verdades ilusorias que penden de un hilo.

¿Qué buscamos?

Buscamos seguridad y tranquilidad en las profundidades del inconmensurable espacio subjetivo de nuestro pensamiento. Y no porque queramos o hayamos elegido hacerlo, sino porque no podemos huir de él. Estamos encerrados en la paradoja más grande, presos en un espacio infinito sin rejas, puertas ni ventanas: el pensamiento ¿Solos?

Buscamos un refugio con paredes y puertas que nos permita diferenciar lo que está fuera de lo que está dentro, esto de aquello, lo conocido de lo desconocido o lo bueno de lo malo.  Buscamos un fuego que ilumine constante y nos haga sentir seguros y estables en el vacío de la nada subjetiva.

¿Cómo lo haremos?

Las ideas son importantes, porque pueden derivar en ideales o ideologías que se representan en nuestra mente como convicciones que son como el cemento. Vamos en busca de ideales por los que luchar. En definitiva, hablamos de la búsqueda de verdades. Una verdad es un muro de contención mental que apuntala toda nuestra realidad según nos sobreviene y establece, no solo las bases del bien y el mal, sino que también establece el orden de importancia de las cosas. Las verdades nos sirven límites, de líneas divisorias, de paredes y puertas. Ahora ya podremos entrar y salir de nuestro refugio, porque el espacio de nuestro pensamiento ya no es asfixiante por infinito ¿O si?

Pero, ¿qué hay más allá del refugio que he construido? El espacio de mi pensamiento sigue siendo infinito… Da miedo y agobia. Mejor me encierro de nuevo en el refugio y me dedico a reforzarlo un poco más dándole unas capas extra de convicción dogmática que es la que mejor resiste.

¿No vas a salir nunca a investigar el abismo de lo subjetivo?

…(silencio)

Pero, ¿Son reales tus convicciones? ¿Existen realmente las verdades objetivas? En principio, parece evidente que todo depende de la perspectiva, así que no, no existen verdades objetivas y, por tanto, nuestros refugios mentales se construyen sobre una perspectiva volátil en nuestra propia imaginación y de ella dependen completamente. Un cambio de aires, un cambio de perspectiva o de contexto puede destruir toda la estructura.

La única verdad objetiva:

Todos disponemos de una verdad absoluta que no depende de la perspectiva (o al menos de la perspectiva humana) y, en lugar de aprovecharla para apuntalar bien nuestra realidad mental y estructurar el orden de importancia de las cosas, huimos de ella y la convertimos en tabú. Se trata de lo único de lo que podemos estar seguros: la muerte. Pero, contrario a toda lógica, nos dedicamos a obviarla y cubrirla con todo tipo de artimañas, como por ejemplo la cultura del consumismo, hasta que esta verdad última nos sobreviene y ya es demasiado tarde. Es entonces, cuando nuestro refugio mental se derrumba junto a nuestras verdades subjetivas, y nos vemos encarando un final enfrentando un vacío mental y existencial que no hemos sabido manejar y afrontar durante nuestras vidas.

Deberíamos cambiar nuestra forma de contemplar a la muerte. Tenemos que superar el trauma colectivo y abrazar la muerte como lo único verdaderamente real y objetivo para, de esta forma, eliminar nuestro vacío existencial y vivir acorde a la naturaleza y su armonía. Que la muerte nos marque el orden de importancia de las cosas.

 

 

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