Nuestra vergüenza

Joe se sentía solo, era oscuro, la gente gritaba a fuera descontrolada y él no sabía dónde se encontraba ni por que le habían dejado allí. Joe era negro y joven. Le parecía estar en un lugar muy pequeño y, a pesar de la oscuridad, podía intuir las paredes de madera.  Joe se sentía mareado, como si algo le hubiera sentado mal. Niebla en la vista, su incertidumbre junto con el griterío de afuera se tornaba lentamente angustia. Pero, él sabía, no tenía por qué temer, desde que tenía memoria, siempre le habían tratado bien, tenía bellos recuerdos de su hogar y de sus compañeros así como de los jefes que siempre trataban de mantenerlo alegre y contento. Él nunca se preguntó por qué, pero respondía con respeto y amor a su manera. El también sentía aprecio por todos. Eran su familia, tanto sus señores como sus compañeros. 

Se hizo el silencio. Hombres desconocidos entraron repentinamente a buscarle y se lo llevaron a fuera. Cada vez más angustiado, a Joe le costaba mantener la calma, hasta que de pronto comenzaron a pincharle con un extraño objeto, no le dolía mucho, pero le ponía nervioso y no entendía el objetivo de todo aquello. Joe no era muy listo. Sabía que sus jefes tenían proyectos que él no podía comprender, pero la confianza en ellos le mantenía tranquilo. Eran su familia, nada malo podía pasar.  Mientras tanto el griterío a fuera aumentaba, parecían hienas hambrientas de sangre por llevar semanas sin comer ¿Qué sería aquello? Por mucho que se agitaba Joe no cesaban los pinchos, cuando de repente, realizó que, aunque ya no estaba en la absoluta oscuridad, no encontraba ninguna cara conocida. Busco desesperadamente y comenzó a faltarle el aire ¿Qué estaba pasando? Joe ahora estaba furioso y tenía ganas de llorar. Estaba totalmente solo ¿O quizá no?

Se abrió una puerta y ¡por fin! le dejarían salir al campo de nuevo, todo habría acabado. Pero, tras tanto rato en la oscuridad, la luz cegadora del sol no le permitía ver claramente aunque podía intuir una plaza sin salida y, además, seguían los mareos y la visión borrosa. Las hienas hambrientas de sangre comenzaron a gritar, esta vez directamente en sus oídos. Era como si los tuviera dentro del cráneo ¿¿Qué estaba pasando?? Le golpearon por última vez y salió corriendo desesperado en busca de una salida. Debía encontrar el camino a casa. No quería estar ni un segundo más allí, no lo soportaría. Quería llorar pero no podía, quería esconderse pero no había hueco. La masa de hienas parecía una cúpula que se levantaba por encima cubriéndolo todo con montañas de ruido estridente. Comenzó a huir despavorido pensando que debía haber alguna salida en algún lugar. Joe sabía que era mucho menos inteligente que las hienas y que sus señores, pero no tardó en realizar que no se trataba de ningún juego. Un dolor eléctrico y punzante le atravesó la columna. ¿Por qué? ¿Qué había hecho Joe? ¿Por qué gritaba toda esa gente? ¿Por qué nadie venía a ayudarlo? ¿Por qué le hacían esto?  En ese momento entendió que debía luchar por sobrevivir, pero a la vez que furioso estaba triste y asustado. Los mareos seguían y no conseguía ver con claridad. ¿Qué le habían hecho sus señores? Decían quererle. En un último esfuerzo, Joe comenzó a luchar, aunque no sabía muy bien contra qué y, además, tenía un puñal clavado en la espalda, le costaba caminar y comenzaba a sangrar cuando de repente, otro puñal, otro, otro, y otro…. Joe vomitaba sangre y agonizaba por mantearse en pie. Muy desorientado oía como las hienas hambrientas de sangre gritaban más y más cuanto más sangraba y sufría Joe.  Algo malo habría hecho, pensaba. Los jefes son muy superiores a él. Saben  muchas cosas que él no sabe y que él no podría nunca comprender… De modo que eso sería quizá un castigo. Joe comenzó a pensar cual era la lección de todo aquello y si podía cambiarlo de algún modo. Cuando volviera a su hogar trataría de hacerlo mejor para no volver a sufrir de esa forma. Joe seguía convencido de que podría salir de allí para volver a correr libre y pastar por los campos con el resto de animales. En un último esfuerzo por su vida, sin sangre y sin aire corrió para que, finalmente, notara como una espada lo atravesaba de arriba abajo dejándolo sumido en un dolor insoportable mientras se apagaba su vida y se encendía el griterío enloquecido de alegría psicopática ante el sufrimiento de otro ser,  como nunca antes. En un último esfuerzo por sobrevivir trato de buscar ayuda con la mirada y se dio cuenta de que los gritos que escuchaba eran de júbilo y alegría.  ¿Qué macabra relación podía haber entre el sufrimiento psicológico y físico extremo de su muerte y los gritos de alegría de toda esa gente?

Con este pensamiento en la mente, Joe pudo observar cómo se llevaban al torero que, con gran serenidad y orgullo, le acababa de desgarrar la vida a puñaladas en lugar de ayudarle a salir de ese infierno. Se lo llevaban en volandas, era un héroe. Lo que no sabía Joe es que, ciertas partes de su cuerpo como el rabo y las orejas, le iban a ser arrancados para que el torero las colgara y exhibiera en la pared de su hogar y, de este modo, poder recordar con nostalgia y alegría sus exitosas torturas sangrientas un día tras otro antes de dormir o, quizá, durante las comidas familiares. Joe tampoco sabía que nunca podría haber ganado. La muerte siempre había sido su destino y, lo mejor de todo, aquello había hecho feliz a mucha gente.

 

4 comentarios sobre “Nuestra vergüenza

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  1. Muchas gracias Úrsula, claro que si, quizá enriquecen más las ideas no coincidentes…así que si quieres debatir algún tema estoy abierto 🙂 así construimos nuestro pensamiento. Tu blog también me parece muy interesante, escribes muy bien, le daré una vuelta más…

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  2. Llegas con TUS ESCRITOS. Hace falta mucha Gente como tú y que llegue a los demás.

    Reflexiones, a veces las más sencillas abren los ojos del Alma.. Sigue habiendo mucha gente dormida, durmiendo su sueño o su pesadilla creyendo que está viviendo una realidad…
    En el fondo es todo tan sencillo como expansivo… En el fondo todos somos lo mismo, pero sí, hay que reconocer que no todo el mundo se guía por las mismas directrices y que les da incluso miedo “pensar”, mejor dicho, abrir la mente…

    Un fuerte Abrazo y no dejes de Escribir porque tus historias llegan,

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