Dualismo, la tela de araña que atrapa las mentes

  • El laberinto matemático.

Una nota de una canción no puede salirse del pentagrama para tratar de escuchar la canción original sin ella misma presente. Tampoco podría un bailarín bajar del escenario para tratar de presenciar y disfrutar de un espectáculo donde él es el protagonista o, quizá, el único interprete. Es lo que le sucede al ser humano con su propia vida. Pretendemos bajar del escenario para vernos actuar y comprender la obra, pero solo conseguimos intentarlo, no entendemos nada y dejamos de creer en la posibilidad de descubrir nuestra razón de ser, y es entonces cuando nos aferramos a nuestro ego e ilusiones materiales para mantenernos en pie.

Buscamos respuestas investigando la naturaleza como si esta fuera un segundo actor, cuando, en realidad, nosotros somos la misma naturaleza viva y en potencia. Por este motivo, si queremos encontrar respuestas, debemos explorar dentro de nosotros mismos y no fuera.. Tenemos esa gran posibilidad, pero seguimos buscando persiguiendo sombras en la caverna de Platón.

Nos encontramos clasificando y ordenando hasta la última estructura un universo que, en realidad, es infinitamente divisible.

  • La tela de araña de las mentes

Religión y ciencia recorren caminos distintos con un mismo destino. Si partimos de la base de la búsqueda de la verdad a través del conocimiento, las religiones monoteístas y la ciencia serían, en esencia, lo mismo: La búsqueda de verdad irrefutable. Renegamos con facilidad de la religión cristiana mientras obviamos que la ciencia de hoy es, sencillamente, su evolución natural. Porque, en realidad, la ciencia persigue el mismo objetivo que la religión, aunque con un método infinitamente más depurado. Pocas dudas hay de que ciencia y religión persiguen, en esencia, el conocimiento y pocas dudas quedan de que ambas han sido corrompidas por el poder. Es aquí donde todo se distorsiona y se genera el enfrentamiento. El virus del poder distorsiona todo lo que toca, lo corrompe y antepone su objetivo. Lo que comenzó como una búsqueda de iluminación y conocimiento a través de la religión terminó en cruzadas, matanzas y la inquisición. Y lo que comenzó como como una búsqueda de conocimiento a través del método científico terminó con Hiroshima, Nagasaki, la guerra fría, la contaminación, el cambio climático y todo lo que todavía está por llegar. El poder se esconde siempre tras esa ilusoria dualidad de amigos y enemigos, de ganadores y perdedores. Las religiones monoteístas cayeron en la trampa ilusoria de la dualidad aparente y la ciencia tomó el relevo. Esta ilusión nos muestra una realidad binaria donde las cosas pueden ser o no ser. Dios existe o no existe, eliges el camino correcto o, de lo contrario, el incorrecto, aceptas el libro sagrado o lo rechazas y conoces la verdad o, simplemente, la desconoces. Un mecanismo simple donde los haya, que atrapa a las mentes como una enorme tela de araña.

Por otro lado, las religiones politeístas han sido históricamente despreciadas por creer que diferentes Dioses pueden coexistir con sus respectivas y distantes verdades. Ciertamente, las religiones politeístas no prosperaron y fueron devoradas por los monoteísmos por ser, estos últimos, la palanca perfecta para ejercer influencia sobre las masas centralizando el poder en un solo punto, un solo dios, una sola verdad hecha a medida. Las facilidades que las religiones monoteístas ofrecen al poder colocaron al cristianismo en el centro de toda estructura social y, en consecuencia, de toda estructura mental. El monoteísmo “obliga” mientras que el politeísmo “propone”.

  • La ciencia es monoteísta

La ciencia es binaria, es la dualidad llevada al extremo. Una hipótesis se prueba o se refuta. Blanco o negro. No existe el gris y no podría hacerlo porque su existencia derrumbaría los cimientos de la estructura del método científico. Por tanto, la ciencia cree en “una verdad” alcanzable del mismo modo que lo hace una religión monoteísta. ¿Cuál es la diferencia entonces?  Las matemáticas.

En realidad, nuestras mentes siguen atrapadas en aquella tela de araña. Siguen embebidas en el patrón binario del monoteísmo que persiguiendo la ansiada verdad irrefutable.

  • La física cuántica es politeísta

Pero, qué curioso. La ciencia llega a un punto crítico y se colapsa. Más de 50 años sin respuestas sólidas. Nadie comprende la física cuántica, al menos con el paradigma  de pensamiento histórico, por que obliga a los científicos a abandonar el monoteísmo y asumir que algo puede ser y no ser al mismo tiempo. ¿Cómo? La dualidad onda partícula y su consecuente principio de incertidumbre de Heisemberg son el punto de inflexión donde la ciencia, literalmente, parece haber agotado su recorrido. Las matemáticas ofrecen respuestas contradictorias y de lo más confusas. No es blanco ni negro, son ambos y ninguno a la vez y las posibilidades son infinitas. Conceptos no cuantificables como el infinito aparecen en las ecuaciones sin cesar como vías de agua en un buque. La ciencia se siente perdida, no sabe qué hacer y las matemáticas no arrojan luz, más bien todo lo contrario. Durante las últimas décadas, hemos observado cómo se suceden diferentes teorías-parche que tratan de explicar desesperadamente la física cuántica como, por ejemplo, la teoría de cuerdas.

  • ¿Es tan difícil aceptar la relatividad?

Una estructura social y mental politeísta o relativista es, lamentablemente, incompatible con todo lo que hoy en día conocemos. Todas nuestras palabras, nuestros objetivos individuales, comunes y nuestra historia son fruto de una percepción monoteísta del mundo, es decir, de la consideración de que existe una sola verdad.

Asumir lo que los descubrimientos científicos más avanzados demuestran llevará mucho tiempo, del mismo modo que en el siglo XVI llevó tiempo la teoría heliocéntrica. Porque no solo implicó un nuevo conocimiento (que ya se tenía siglos atrás), si no que el ser humano debió renunciar como especie a la creencia de ser el centro del universo. Para seguir avanzando debemos estar preparados a renunciar a todo y, principalmente, a nuestras creencias más profundas.

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