Por tratar de explicar la consciencia

1- El marketing de las palabras:

Tan extraño que obliga a la ciencia a renunciar, en parte, a sus principios. Pues la ciencia es puramente empírica, pero se ve obligada a aceptar algo que no puede ver, oler, tocar, oír cuantificar y mucho menos demostrar. Curioso. Los mismos argumentos blandidos para negar la existencia de Dios, esta vez, deben ser obviados ante una abrumadora realidad indemostrable: La  consciencia. Conocida en muy diversos círculos con nombres también muy diversos como, por ejemplo, el alma. El ser humano es realmente curioso… Cree que, cambiando el contenedor de un concepto, cambiará su contenido. Se llama Marketing de las palabras y, por mucho que ahora le llamemos consciencia, estamos hablando del mismo concepto milenario que antiguamente intentaron explicar, de las formas más imaginativas, todas las culturas de este planeta. Ayer la religión, hoy la ciencia, la misma cuestión, diferentes idiomas. El mismo contenido en contenedores separados. Los mismos conceptos, diferentes palabras.

2- El juicio:

Somos una especie sujeta a las mismas leyes evolutivas que todas las demás especies y, nuestras emociones y actos están marcados a fuego por la máxima de la supervivencia. Somos parte del gran engranaje de la Vida y de sus inalienables condiciones. Rechazamos lo que nos acerca a la muerte y abrazamos con gusto lo que nos aleja de ella. Buscamos el placer y evitamos el dolor, el mecanismo de la Vida es bien simple y bien conocido por la ciencia.

Pero existe un curioso efecto por todos aceptado y por nadie comprendido. La piedra en el zapato de la teoría de la evolución. La ciencia no sabe explicar, no sabe encajar la pieza, pero no por contradicción, si no por carencia de sentido. Quizá nunca podremos demostrar la consciencia, pero, si existe, debería tener una función ¿O quizá no? Según la teoría de la evolución. La respuesta es sí, porque todo tiene su causa y su efecto.

Volviendo al tema, los seres humanos gozamos o sufrimos este curioso efecto en paralelo a la vida misma. Nuestro cuerpo experimenta la vida, o lo que es lo mismo, vive, a través de un sistema nervioso, que desencadena procesos biológicos diversos, que derivan en emociones y actos y, estos, conforman nuestro comportamiento inconsciente. Pero, por otro lado, una abstracción a la que llamamos mente, a su vez, experimenta la propia experiencia inconsciente de vivir, volviéndola consciente y dando lugar a lo que llamamos “juicio”. Se produce así una especie de bucle que desdobla la vida de cada uno en dos. Nos convertimos, así, en jueces observadores y últimos responsables de nuestra propia experiencia y existencia. Nace la dualidad mente – cuerpo.

 3- ¿Es tan complicado? El cuerpo vive, la mente experimenta.

Quizá el problema ha estado siempre en la semiótica. El significado de las palabras. Se suele creer que la vida es una experiencia. Pero, en realidad, no es lo mismo vivir que experimentar. Nuestro cuerpo Vive, no experimenta. Es la consciencia la que experimenta. La vida no se ejerce como cualquier otra actividad, la vida (si tuviera que escoger un verbo) se canaliza. En cambio, la mente sí que experimenta lo vivido por nuestro cuerpo, pero no vive como sí lo hace el cuerpo. Entender vida y experiencia como un mismo concepto lleva a confusión. Un ejemplo bastante claro es el de una planta. Se puede decir que una planta vive, pero no experimenta su vida a través de una mente consciente de la misma vida. Una planta vive el momento presente y no puede salir de él. O eso parece.

Pero ¿Qué finalidad evolutiva tiene todo esto? ¿Se trata de un paso en falso de la evolución? ¿O quizá habría que replantearse dicha teoría para comprender la función de la consciencia? Son muchas las preguntas, pero la ciencia sigue sin poder explicar la consciencia y no está precisamente cerca de hacerlo. De hecho, en realidad, no hay forma científica de confirmar la presencia de consciencia en las personas con las que interactuamos, porque tan solo podemos estar seguros de la nuestra. Esto no deja a la ciencia en muy buen lugar frente a sus valores ya que, como he comentado, se ve obligada a aceptar la existencia de la consciencia, a pesar de no poder percibirla de ninguna forma, no poder medirla ni cuantificarla y mucho menos demostrarla. Una de las teorías más extendidas en el mundo de la ciencia define a la consciencia como un “efecto colateral” consecuencia del acto de pensar como lo es el ruido producido por un motor o el humo de una locomotora en marcha. Esta teoría, en mi opinión, demuestra lo perdido que anda el mundo de la ciencia en su esfuerzo por explicar la consciencia.

Pasa desapercibido, porque se mira hacia otro lado, pero la ciencia acepta aquí una derrota en su afán por explicar el espectro completo de la realidad del ser humano. Queda probado que no todo lo real es perceptible por los sentidos, cuantificable o medible ¿Queda probado, entonces, que hay cosas que no pueden ser probadas?

Firmado: La experiencia consciente

4 – Buscando una explicación: “Instinto vs consciencia”

El instinto nos mantiene con vida y nos aleja de la muerte mediante procesos que se tienen lugar en las insondables profundidades de uno mismo y que solemos llamar inconsciente. Por su lado, la función de la consciencia parece ser la de juzgar dicho instinto inconsciente desde un piso superior, al que llamamos consciente. La pregunta es ¿Con qué objetivo? ¿Aumenta la consciencia nuestras posibilidades de supervivencia? La capacidad de analizar y juzgar nuestro propio instinto y comportamiento inconsciente no aumenta nuestras posibilidades de supervivencia individual inmediata pero puede tener un impacto más global y beneficioso, no para la supervivencia individual ni tampoco de la especie, si no para global del engranaje de la vida en el planeta. Es indudable que somos una especie con un gran poder de construcción y destrucción, de modo que es importante la existencia de un mecanismo de autocontrol.

5 – Un poco más lejos: La perspectiva contaminada.

Antiguamente, cometimos el error de poner al ser humano en el centro del Universo para estudiarlo y comprenderlo. Una premisa contaminada por el egoísmo que caracteriza a la especie, y que llevó a conclusiones también contaminadas y erróneas. Este punto de partida, inocente pero lógico en el contexto histórico, generó mucha confusión hasta que nos dimos cuenta de que la solución era más simple de lo que parecía. ¡El ser humano y la tierra no son el centro del Universo! Entonces todo cuadró, aunque no sin cierta resistencia social…

6 – El sesgo de Darwin.

Esto mismo está sucediendo hoy,

Estudiamos la Vida partiendo de la base de que el ser humano está, esta vez no en el centro, pero sí en la cima. En lo más alto de la escalera. El ser humano es el rey de la selva. El ser humano es la obra magna de la naturaleza y, sobre esta premisa, desarrollamos la teoría de la vida. Error.

Darwin estudió los sistemas vivos y realizó uno de los mayores trabajos de la historia del conocimiento: “La evolución de las especies”. Pero cometió el mismo error de concepto, situó a su propia especie en la cúspide cómo premisa de la investigación dando por hecho algo que, como mínimo, no estaba probado. En realidad, no se trata tan solo de una premisa errónea, más bien se trata de una perspectiva sesgada e imparcial. Y una perspectiva contaminada por el egoísmo y la soberbia de la especie, contamina toda conclusión posible.

Tendemos a creer que la evolución tiene como máxima la supervivencia de “la especie” ¡Pero ojo! Yo diría que la vida es mucho más que “la especie” o “las especies”. En mi opinión, la vida no distingue entre especies. La obra de Darwin se llamó “La evolución de las especies” y, quizá, este término generó una confusión que caló hondo en la cultura occidental hasta hoy en día. Por qué, en realidad, no son las especies las que evolucionan si no que es la Vida la que lo hace. Las especies son los órganos que permiten a la vida evolucionar como sistema y nada más. No consiste, por tanto, en una competición de las especies por la supervivencia como el planteamiento de la obra de Darwin propone. “La ley del más fuerte” es tan solo un efecto colateral e ilusorio que percibimos desde nuestro punto de vista como especie egoísta y consciente. Es como si nuestros órganos creyeran funcionar de forma independiente al resto del sistema. Y, si bien es cierto que existen órganos más vitales que otros, el ser humano sería el menos vital de ellos, ya que es el ser que menos impacto negativo generaría con su desaparición. Más bien todo lo contrario.

7 – La ley del más fuerte ¿Por qué?

Porque esta máxima nos favorece como especie. Pero ¿Es acaso posible que la especie que más vida destruye sea la más óptima para la vida? Depende del punto de vista. Si el punto de vista es “la ley de más fuerte” Sí. Si el punto de vista es “la ley de la Vida”. Rotundamente NO. Lamentablemente, la extinción del ser humano como especie no tendría repercusiones negativas para la Vida. Más bien todo lo contrario. En cambio, la extinción de otras especies (que consideramos inferiores) supondría una gran catástrofe para la Vida en el planeta y supondría, también, nuestra extinción. Es el caso de las abejas, los murciélagos o el plancton entre otros. Lo cierto es que la especie humana depende de muchas otras para vivir, mientras que no hay ninguna especie que dependa del ser humano. De hecho, la mayoría de las especies que forman la Vida aumentarían sus posibilidades de supervivencia con nuestra extinción.

8 – A pesar de todo: La ley del más fuerte…

Las bases de nuestro sistema económico y nuestra cultura moderna descansan sobre esta farsa. “La ley del más fuerte” ha justificado lo injustificable y tiene como máximo representante al Nazismo. Pero hoy, sigue justificando las más evidentes injusticias desde las raíces del sistema y sigue expandiendo el germen del egoísmo.

9 – La evolución de la vida, no de las especies:

En mi opinión, la obra de Darwin “La evolución de las especies” debió llamarse “La evolución de la vida”.

La vida es básicamente la tendencia del caos hacia el orden. Es auto organización. La vida es la búsqueda del equilibrio dentro del caos, es adaptación al entorno y, para ello, se precisan cambios constantes. Curiosamente, hoy conocemos a este conjunto de cambios con el nombre de “evolución” pero, en el fondo, no dejan de ser cambios que tienen como objetivo mantener el equilibrio natural y perpetuar la vida en todo su espectro.

A la Vida no le importa si se trata de seres humanos, ratones, peces, plantas, pájaros, insectos o cualquier otra especie. ¿Qué es lo realmente relevante para la vida? o ¿Qué necesita la vida para perpetuarse? La respuesta es: Equilibrio. Orden. Ciclos.

A la naturaleza no le importa qué especies portan el milagro de la vida mientras se mantenga el equilibrio entre ellas. Llegados a este punto es fácil darse cuenta de lo poco que el ser humano contribuye a este equilibrio desde tiempos ya inmemoriales. La vida siempre tiende al equilibrio, y el ser humano parece haberse desviado, de hecho, parece ser una resistencia. El ser humano es un generador de desequilibrios naturales. Un serio problema para el engranaje natural de la vida. Un desvío que debe ser corregido. Pero ¿cómo?

Bien pensado, lo que lleva al ser humano a generar tanto desequilibrio es su propia condición natural. Nuestro instinto. No es, por tanto, culpa “nuestra”.

 10 – Lanzo aquí mi teoría sobre la función de la consciencia:

La consciencia sería el método de corrección, de retorno al equilibrio.  El producto de la fricción entre la lucha de la Vida por el equilibrio y la resistencia ofrecida por el ser humano. La consciencia podría ser un paso evolutivo especial que aparece en el ser humano para que este pueda juzgar su propio camino, sus propios actos. Ser consciente de su comportamiento y poner en tela de juicio su propio instinto de forma permanente. De este modo, la vida ofrece una herramienta al ser humano que le permite darse cuenta y corregir por sí mismo. Volver a formar parte y participar del engranaje de la vida. Por eso, la consciencia puede tener, a veces, un sabor un tanto amargo. Porqué, de algún modo, es un proceso de curación o de corrección.

 

Precisamente, por este motivo, la meditación es, para muchas culturas, un método de liberación. Porque meditando se abandona la consciencia y se vuelve al momento presente, donde no hay pensamientos, no hay juicios y no hay tiempo. El nirvana no es más que alcanzar un estado de no-consciencia manteniéndose despierto.

11- ¿Tiempo? Producto exclusivo de la consciencia

Si, efectivamente, el tiempo es un producto específico de la consciencia y la capacidad de juzgar que esta nos proporciona. Porqué juzgar no es cosa de presente, sino más bien de pasado y de futuro. Uno puede juzgar a priori o a posteriori, pero nunca el momento presente que, en realidad, es atemporal. Lamento decirlo, pero no se puede vivir el presente de forma consciente. Porqué consciencia es juicio, cuando entra la consciencia en juego se toma una posición y se juzga, saliendo así inevitablemente del momento presente, para poder analizarlo conscientemente desde fuera. Es aquí donde se genera un pasado, un futuro y un presente como conceptos. El tiempo. En resumen, el presente se crea cuando salimos de él para pensarlo. Así nace el tiempo tal y como lo conocemos.

Es gracioso pensar que, para los seres vivos inconscientes, que viven el presente sin darse cuenta de ello, como por ejemplo las plantas, el presente no existe, porque simplemente no pueden salir de él, no pueden pensarlo, luego el pasado y el futuro tampoco existen.

12 – ¿Adán y Eva? Ya divagando.

No me considero una persona religiosa, pero en este punto, no puedo evitar pensar en Adán y Eva y, como, según la Biblia, el exceso de avaricia los condenó a una realidad de sufrimiento fuera del “paraíso” donde sí pudieron quedarse el resto de las especies a diferencia de nosotros. Solo por diversión, vamos a plantear la posibilidad de que el jardín del Edén pudiera ser una metáfora de la no-consciencia, la vivencia del momento presente sin juicios ni prejuicios. La vida en estado puro. En cierto momento, el comportamiento instintivo e inconsciente del ser humano comienza a generar desequilibrios por excesos en sus necesidades: Muerden la manzana. Se exceden. En ese momento, aparece la consciencia, y el ser humano comienza un largo camino de redención y sufrimiento asumiendo la responsabilidad consciente de todos sus actos y sintiendo la necesidad de renuncia progresiva a los instintos.

3 comentarios sobre “Por tratar de explicar la consciencia

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  1. No hay seres vivos inconscientes, la conciencia está presente en cada átomo vivo, pasa que confundís aspectos intelectuales con la base, que es la conciencia, y eso lo trasladás a otras especies, donde dichos aspectos no existen.
    Eso por un lado. Por otro lado, se puede vivir en presente en conciencia, cuando no están los factores de distracción de memoria y anticipación,forjados desde temprano. Es más, ese estado natural es lo normal, cuando la conciencia se estabiliza en sí misma.
    Dejame decir además que la ciencia va por afuera, trabajando con la materia, por eso se le hace difícil hablar de ello.
    Buen trabajo con tu post, pero te falta experimentar.
    Saludos!

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    1. Hola Leo, gracias por tu comentario. Creo que hablamos de cosas distintas, entiendo lo que comentas. El problema está en la semiótica ya que solo tenemos una palabra para referirnos a dos conceptos muy diferentes. La consciencia que yo trato de explicar es la consciencia desde una perspectiva más científica ya que tengo algo de experiencia en el campo, es la que está atada a un tiempo y un espacio y nos permite analizar el pasado, el futuro y nuestros propios sentimientos que nacen de los procesos cognitivos. Como dices, sin memoria y anticipación se puede vivir el presente. Pero entonces, todo lo que somos (memoria) y queremos ser (anticipación) desaparece con el ego. Nuestra vida entonces deja de existir y pasamos a un nuevo plano que nada de tiene que ver con lo que conocemos. La consciencia a la que tu te refieres, algo mucho más complejo y profundo, no creo que pueda ser explicada con palabras y, de hecho, antiguas lenguas como el Sánscrito nombraban a este concepto algo así como “lo innombrable”. Nosotros tenemos un lenguaje mucho menos espiritual y más “terrenal” o materialista que aquellas lenguas y utilizamos la palabra consciencia para hablar de conceptos diferentes. Esto nos confunde a todos ya que damos significados diferentes a una misma palabra dependiendo de nuestra forma de pensar.

      Saludos!

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