La Coca-Cola es para infelices

Te das cuenta de que el rebaño está profundamente deprimido cuando la marca más importante, en lo que a consumo diario se refiere, está vendiendo felicidad.

¡Eso es un engaño! Dirán algunos… y puede ser. Pero lamentablemente es una realidad que funciona.

¿Cómo podemos dejar que otros nos digan dónde encontrar algo tan personal como la felicidad? Es más ¿Cómo permitimos que nos impongan un modelo de felicidad como si de un modelo político económico se tratase? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Podríamos discutir si las marcas cubren necesidades con sus productos o las crean a través del marketing pero esto no es relevante aquí. Las necesidades que no son primarias son subjetivas y aprendidas en función del entorno y la personalidad de cada uno. Todos somos responsables de nuestra mente y no es justo echarle la culpa a un ente abstracto para justificar nuestros despilfarros y vergüenzas éticas.

Las necesidades se incrustan en nuestro inconsciente como garrapatas y manejan nuestra atención dibujando el camino que creemos andar por voluntad propia. El libre albedrío queda aquí ligeramente  cuestionado pero ese es otro tema.  Nos queda siempre un pequeño margen de decisión consciente que podemos usar antes de que las garrapatas nos inunden el cerebro por completo.

Sea como sea, está claro que nos pasamos la vida cubriendo necesidades de muy diferentes maneras y la que triunfa por encima de todas hoy es el consumo. Cuando un ser humano consume un producto, pagando por el, está satisfaciendo una «necesidad».  La estrategia comercial de Coca-Cola hace ya tiempo que dejó de centrarse en saciar tu sed con su magnífico sabor para ofrecerte algo más abstracto y absoluto: Felicidad. Comerciales eternos que nos muestran mundos diabólicamente imaginados de alegría, amor, fiesta y serenidad. Nuestro cerebro límbico se abruma y nuestro inconsciente se empapa de una información que llega como agua en el desierto. Sorprenda o no, la marca dio en el clavo y mucha gente encontró en esta bebida la forma de engañar su sed de felicidad aunque solo sea por un instante. Nuestro cerebro es más inocente de lo que parece y, efectivamente, puede obtener su dosis líquida de felicidad si cree realmente que así lo está haciendo. Con creerlo basta para que suceda. ¿Cuál es el problema entonces? Lo lamentable es la dejadez. Por pereza o cobardía renunciamos a preguntarnos qué es la felicidad y simplemente dejamos que nos lo expliquen los medios de comunicación y manipulen nuestro comportamiento con conceptos que, en realidad, no sabemos ni definir. Así permitimos la prostitució de la felicidad

En realidad no importa si uno es feliz o no ¿Qué más da? Lo importante es demostrarse a uno mismo que se es feliz, lo cual convierte a la felicidad directamente en un objetivo. Una necesidad.  Y no se puede ser feliz si precisamente la felicidad es una necesidad permanente como no puede uno estar saciado si la sed es permanente. Solo el hecho de querer ser más feliz te convierte en infeliz de la misma manera que el querer ser más rico te convierte en pobre, por lo menos ante ti mismo. Pensar en la felicidad como algo separado de ti te hace ajeno a ella ¿Qué hacer entonces? Ser valiente y aceptar de una vez por todas que los reyes son los padres.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: