Me pienso encima

Siempre he pensado que, si escribiera algo serio, el título sería lo último que escribiría. Porque siempre que escribo me desbordo y me arrasa la abstracción de mi propio pensamiento. Vomito sin control y, a medida que se desata el caos en las líneas se dibuja un sentido. Pero es tan solo al final cuando  suelo reconocer el sentido de lo escrito. Y es entonces cuando puedo darle nombre al texto. Darle un título.

Abro el texto con esta información tan irrelevante porque, obviamente, esta vez no ha sido el caso. Y la excepción siempre merece un espacio para la reflexión.

No sirve de mucho pensar. No es lo más práctico del mundo pero es lo único que hago. Y no puedo parar, lo hago compulsivamente. Podría ser patológico, quien sabe. Si esto sigue adelante, que no tiene mucha pinta, será la primera vez que escriba con objetivo, con intención de llegar a un puerto y, lo mejor de todo, es que no alcanzo a sentir tal intención. Pero pienso en el BigBang y en el orden dentro del caos de aquel curioso suceso. Sobretodo me centro en el caos, el incomprendido y malinterpretado caos. Nuestra ignorancia causa más daños colaterales en el mundo conceptual que cualquier político o arma conocida. Pienso que el caos es el orden de mayor nivel, un orden de complejidad superior a nuestro entendimiento, el caos es orden incomprendido que cuando se descifra se torna orden, equilibrio, belleza. Solo porque  al fin alcanzamos a comprender el patrón, algo deja de ser un caos para tornarse orden y equilibrio cósmico. Entonces, pienso en como nos engañamos con las palabras y los conceptos. Las palabras son recipientes mentales que son llenados de contenido o significado. La existencia de las palabras es objetiva y sólida, pero el contenido con que cada uno las llena es lo que finalmente importa. Descubro la volatilidad del mundo conceptual del que gozamos o sufrimos únicamente los humanos y me hallo intentando explicarlo con las mismas palabras. Entro en bucle. Nuestro mundo conceptual incluye un complemento extra: la ilusión de que otros seres o especies puedan participar también de el. Pero en realidad sería algo imposible. Así que no podríamos preguntarle a un extraterrestre el secreto de la felicidad porque, en primer lugar, probablemente no entienda una carajo de lo que le dices y, aunque lo hiciera, su mundo conceptual muy posiblemente no contenga los mismos conceptos que el nuestro, quizá ni si quiera conozca el contenido de la palabra concepto y, si por casualidad entendiera tu pregunta, te respondería como lo hacen los adultos a un niño cuando hace preguntas profundamente estúpidas. Nuestro mundo conceptual es tan pobre y nuestra percepción de su pobreza tan alejada de la realidad que percibimos y sentimos de forma antagónica conceptos que en realidad son sinónimos. Por ejemplo, sentimos atracción y percibimos frescor, creatividad y un alto valor por conceptos como “emprendedor” (son gente con brillo en su mirada, espabilados, genios de la creatividad. A su paso dejan una estela de frescura y un color nuevo inventado por ellos mismos y que es indescriptiblemente llamativo, son jóvenes de espíritu dinámico y suelen tratar divinamente a sus “colegas” de trabajo). Pero, por otro lado,  sentimos todo lo contrario por el concepto “empresario” (solo piensan en el dinero, no son creativos, son grises, sin color, sin sonrisa, suelen ser gente rancia y despreocupada por los temas existenciales. También suelen ser jefes explotadores) . Pues bien, sorpresa, un emprendedor es un empresario sin corbata, punto y final. Nuestro mundo conceptual es un océano  de incoherencia subjetiva, estupidez, hipocresía, sesgos y malentendidos disfrazados de cultura. He ido demasiado lejos. Me he pensado encima, vuelvo al BigBang: De una singularidad, se desata el “caos” se desarrolla, desenvuelve, se vomita a si mismo en cascada infinita tridimensional un universo estructurado y con patrones inteligibles. ¿Pero inteligibles por quien? ¿Por el propio universo? ¿Si podemos comprender el BigBang, significa que somos algo separado de ello? En definitiva… se desarrolla una historia. Se dice que es entonces cuando nace el tiempo. Pero no estoy de acuerdo, el tiempo esta en nuestra mente y nuestra mente no existía por aquel entonces ¿o si? En caso contrario, el tiempo tampoco existía. Relaciono el curioso suceso, el BigBang, (tan demostrado como la misma existencia de dios) con el título que se me ha ocurrido y que, curiosamente, a pesar de haber pensado siempre lo contrario esta vez será  lo primero que he  escriba. Tengo la sensación de haber encontrado mi formato mental aquí y ahora porque fluyo con mi pensamiento. Normalmente cuando trato de escribir, se forma la tercera guerra mundial en mi cerebro y probablemente pierden la vida muchas neuronas inocentes cada vez que lo intento. Me condiciono, me someto a un patrón predeterminado que debo seguir para dar sentido a mi vómito conceptual y no lo logro. A veces logro algo, pero  he gastado tanta energía tapando esporádicas fugas mentales aleatorias como corrientes de viento al dejar  dos ventanas abiertas que me agoto y lo dejo. Acabo gastando toda la energía para mantener el caudal de mi pensamiento a un nivel moderado y con un hilo conductor que lleve a alguna parte. ¿Pero, llegar a que parte? ¿a donde? Pienso yo. Me gusta llegar, porque parece el final. Pero no es más que el principio otra vez. Porque cuando llegas es cuando te preguntas, de acuerdo, ya estamos aquí ¿y ahora que? Por que, no habrás sido tan absurdo de creer que la vida termina cuando llegas? Las decisiones no cesan amigo, solo jugamos al juego de las ilusiones que nos mantiene creyendo que descansara nuestra mente cuando lleguemos. Pero no descansa. Que profundo y agobiante.

Estoy en mi cama y me pienso encima de nuevo, un pensamiento nocturno, al límite de la consciencia despierta, cuando ya no queda atención, una chispa salta y un poco de luz mental me mantiene despierto unos segundos más. “Este pensamiento mola, mierda, haz algo. Levántate y escríbelo, mañana no me acordaré, levántate y escríbelo… No, mejor piénsalo muy fuerte y te acordarás… mañana no me acordaré….finalmente me duermo. Sorprendentemente, por la mañana en la ducha, recuperando lentamente la consciencia aletargada y ahora descompuesta comienzo a sentir, ayer noche tuve un pensamiento, una idea… ¡si! No me acuerdo. Sabía que no me acordaría. Lo que daría por acordarme….. está llegando, llega! Sí! Lo recuerdo! “Me pienso encima” Por fin ¿Y ahora que? Escribe.

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